hola
-¿Recuerdas aquella vez que te pedí que fueras polaco?
-No
-De acuerdo. Cuando vuelvas de París todo será mucho mejor.
-Sí, seguro que sí. Podremos hacer todo eso que tenemos planeado.
-Claro, mejor. Entonces podremos hacerlo.
-Sí, entonces será mejor. Ahora que lo dices, sí recuerdo algo de eso. Estábamos en aquel sitio, ¿recuerdas?
-No mucho, pero creo que sí.
-Y vendréis a visitarme...
-Por supuesto, sí. Claro, sí, muchas veces. Casi todo el tiempo. Será tan bueno cuando vuelvas. Volveremos a aquel sitio.
-Sí, tenemos que volver. Me pediste que fuera polaco. Fue genial.
-Y, oye, ¿por qué crees que lo habrá hecho?
-¿Quién? ¿Pili?
-Sí
-¿Porque es una zorra?
-No, no. Es decir, Pili no parecía de esas, de hecho nunca hubiera pensado que...
-Es una zorra. Tú siempre lo decías y tenías razón. Ahora sólo pienso en París. Cuando vuelva tenemos que construir esa máquina que inventamos.
-Sí, la máquina del tiempo. Te subes y te desplazas hacia el futuro unos cuantos segundos.
-Es la hostia.
-Pero, ¿cómo te has enterado?
-Mensajes y tal. Lo típico.
-Podrías ser un poco más concreto.
-Ya sabes, le pillas un mensaje en el móvil y luego un correo...
-Pero, ¿qué ponía en esos correos?
-Prefiero no hablar de eso.
-A la mierda. Dímelo o te mato.
-Mátame.
-Lo haría si supiera que puedo hacerlo. ¿Me lo dices o no?
-Pues nada, decían cosas como nos vemos en la cafetería, cómo te ha ido el día, ayer estabas muy guapa...
-Pero tío, habrá algo más, ¿no? Eso no demuestra nada. Sólo son palabras escritas en cursiva. ¿Ella qué dijo?
-Qué va a decir. Lo negó todo. Es una zorra. Encima se enfadó porque le leyera los correos.
-Me parece lógico.
-A mí no me molesta que me lea mi correo porque no tengo nada que ocultar.
-¿Esas son todas tus pruebas?
-Sí tío. Lo sé y punto. Pasaba de mí. No hacía más que hablar de sus amigos.
-París es grande. Las puertas miden casi tres metros y pesan como si fueran mesas.
-Es otro mundo. Las sillas parecen perchas. Y todo el mundo habla de una forma peculiar para que suene como a poesía.
-Hombre, en la ciudad del amor...
-Claro, es lógico.
-¿Y cuál será tu trabajo?
-Fabricar bombas atómicas.
-Qué sugerente.
-Sí.
-Cuando vuelvas habré terminado mi novela.
-¿La del mago?
-¿Qué mago?
-El tío ese que tenía mucha mucha suerte y todo le salía tan bien que él mismo llegaba a creerse que era mago.
-Oh, no. Es una nueva. La empecé ayer. Deberías conocer a los personajes.
-¿De qué trata?
-Bueno, no lo sé. Sólo conozco a los personajes.
-¿Y no sabes de qué trata?
-Pues no. De hecho, al principio no me di cuenta de nada.
-¿Pero qué dices? Lo primero que se piensa en una novela es lo que va a pasar.
-No sé. Me dedico a improvisar. Anoche tuve que cortar las presentaciones porque estaban convirtiendo la novela en una competición de historias originales, y eso es lo último que pretendo. Martin y Sara se enfadaron mucho.
-¿Las presentaciones? ¿De qué demonios hablas?
-Bueno, los nombres los puse yo. Sara, Martin, Elisabeth y Bob. Pero aparte de eso, no sé nada de ellos.
-¿Bob? ¿Nuestro Bob?
-No, otro Bob. De hecho, nuestro Bob y mi Bob no se parecen en nada, salvo en el físico, tal vez.
-¿Cómo estará? Nuestro Bob, quiero decir.
-Dice Julia que está jodido.
-¿Sí? Yo oí que su gato se había vuelto loco.
-¡No!
-Sí. Se cree que es un reloj.
-Se veía venir.
-Hablando de relojes, ¿qué hora es?
-Las once.
-Tengo que irme. Tengo que concretar unos asuntos del trabajo.
-Fantástico. Yo me iré a casa a escribir un poco.
0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio